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Laura causó una ola de destrucción, y aún falta el 70% de la temporada de huracanes en el Atlántico.

La temporada de huracanes del Atlántico está entrando en lo que tradicionalmente es su fase más activa. El huracán Laura tocó tierra el 27 de agosto en la costa del Golfo de Estados Unidos. Se intensificó en 24 horas de una categoría 1 a una fuerte categoría 4 en la escala de Saffir Simson.


La OMM afirmo esta semana que Laura no será el último huracán que causará destrozos esta temporada en el Atlántico, y recordó que, con el cambio climático, la proporción de ciclones categoría 4 y 5 serán cada vez más frecuentes. “Todavía nos queda alrededor del 70 por ciento de la actividad fuerte en la temporada 2020, que comenzó antes de lo habitual este año”, añadieron.


“Laura fue la séptima tormenta con nombre que toca tierra en los Estados Unidos esta temporada. Las otras fueron relativamente menores. Obviamente es, por mucho, el huracán más intenso y peligroso en lo que va de temporada”, expresó la portavoz de la OMM, Claire Nullis.


La precisión de los pronósticos contribuyo a disminuir el número de fallecidos, con unas 20 personas muertas principalmente en la República Dominicana y Haití antes de que Laura se convirtiera en un huracán y golpeara Luisiana, donde aún se evalúa la devastación.



El calentamiento global proporciona una razón para esperar tormentas más destructivas y poderosas con mayor frecuencia, recordó la experta.

“Son básicamente las leyes de la física. Las tormentas se alimentan de agua tibia, las temperaturas más altas del agua significan niveles del mar más altos, lo que a su vez aumenta el riesgo de inundaciones y así el círculo continúa. El aire cálido retiene más agua atmosférica, lo que permite que las tormentas tropicales se fortalezcan y desaten más lluvias fuertes”, explicó.

( información y fotografía de la NASA y la OMM)

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